El amor va entre ruedas
de una espera que ya duele
enumerando todas las quejas
del pavimento que repele.
El amor llega con la espera
de una adolescencia que madura
y ahora redonda como la pera
se convierte en fina locura.
El amor llama en la noche
sin sentir que la pericia
abre lentamente un broche
mientras se roba una caricia.
El amor es la mirada
de unas ágiles piernas caminantes
no deja en el corazón la herida
sino una agilidad deslizante.
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