Se durmió el coronel
no tenía quién le escribiera
bebiendo palabras de miel
enarbolando una linda bandera.
No vino a pronunciar un discurso
ni a vivir cien años de soledad
vino a escribir palabras sin uso
y a no vivir en sobriedad.
Ilusionado de memorias
de putas tristes solitarias
de increíbles historias
y bellas abuelas desalmadas.
Se durmió en una hojarasca
al calor de una primavera
llevando doce cuentos peregrinos
con una mexicana bandera.
Luciendo bella guayabera
tomó en sus manos un Nobel
reconociendo en literatura
al más grande de los robles.
Despertará en el otoño del patriarca
con la cándida Eréndira
asumiendo mares y barcas
con descripciones espléndidas.