Entre el atardecer de un día
y las carreras matutinas
te enamoraste con alegría
rompiendo tus rutinas.
Entre el dolor de una despedida
y las abundantes lágrimas
causando amargamente heridas
rogabas a la virgen de Fátima.
Te enamoraste de mi ayer
de mi presente y mi futuro
pusiste el corazón a correr
haciéndolo de prisa así maduro.
Te confundiste en el pensar
que el amor no tiene límites
y aunque a veces te quiera arrebatar
tu, anclada al alma persistes.
Entre el anochecer de un día
tu risa se contagió de colorido
aunque ahora tu vida tiene guía
no olvida tampoco un corazón herido.