No hay lugar en el mundo, donde pueda encontrar,
una sola cosa, de las que disfruto en ti,
no existe nada ni nadie,que me entregue,
la dicha que me das tu.
Simplemente no podría reemplazarte,
porque ni la misma naturaleza, sabe abastecerme,
si tú no estás...
sólo tú, das luz, belleza y razón a mi vida...
y si algún día, no estuvieras a mi lado,
creo que simplemente, no sabría continuar,
no lo desearía...
Por todo esto, quiero disfrutar ahora,
quiero compartirlo contigo,
quiero aferrarme a ti, de tal forma,
que ni la misma muerte, pueda separarnos,
para demostrarte con ello, que tu eres el ser,
que da vida a mi existencia...
Te amo y quiero amarte siempre,
quiero romper los límites, quiero que la eternidad
sea testigo de nuestro sentir...
Te amo y quiero que confíes en mi,
porque si tu existes en mi vida,
no habrá nada ni nadie,
que pueda entrar en ella,
no habrá absolutamente ningún ser,
que me llene, como lo haces tú,
eres el único , que amo y amaré.
(A.L.) Jesús Hernando Camacho Mosquera.
lunes, 30 de septiembre de 2019
jueves, 5 de septiembre de 2019
ME ENVEJECE LA GUERRA (Sept. 4, 2019) 10:10 p.m.
Me envejece la guerra
con una esperanza rota
por las balas de una sociedad
que arrastra las prendas a pedazos.
Me envejece el silencio
y la indiferencia
los cuellos partidos y lastimados
de niños solos o abandonados.
Me envejece la ironía
de la abundancia ruin
que provoca las heridas
y aprieta la garganta en agonía.
Me envejece el hambre
cuando aprieta mi vientre
con descaro amargo
y sin explicaciones.
Me envejece la risa
de los sueños rotos
de la fe destrozada
de mi frente esparcida sin medida.
Me envejecen las lágrimas
de eventos no llorados
de caminos polvorientos
no recorridos.
Me envejece la noche
y me envejece el derroche
me envejece la ira,
pero sobretodo me envejece no soñar.
Autor: Jesús Hernando Camacho Mosquera.
con una esperanza rota
por las balas de una sociedad
que arrastra las prendas a pedazos.
Me envejece el silencio
y la indiferencia
los cuellos partidos y lastimados
de niños solos o abandonados.
Me envejece la ironía
de la abundancia ruin
que provoca las heridas
y aprieta la garganta en agonía.
Me envejece el hambre
cuando aprieta mi vientre
con descaro amargo
y sin explicaciones.
Me envejece la risa
de los sueños rotos
de la fe destrozada
de mi frente esparcida sin medida.
Me envejecen las lágrimas
de eventos no llorados
de caminos polvorientos
no recorridos.
Me envejece la noche
y me envejece el derroche
me envejece la ira,
pero sobretodo me envejece no soñar.
Autor: Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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