Una calle desierta entre la agitación
del vaivén de los carros
una mirada dulce y atenta
percibe en la multitud un rostro
una amistad de ratos y colores
en el jardín de las maravillas
una tarde calurosa entre el correr
de la tarde encantada
lleva a los amigos a beber éste néctar.
Una historia de chiquilla marcada
con la ternura de la vida
trae de nuevo una doncella
de delicadas y dulces melodías
al corazón agitado del mundo
que anhela un rostro
para decirle al alma las cosas bellas
mientras el dolor se aleja
dejando en los labios una dulzura.
Un choque de dulces encantos
en la carroza púrpura
deja en el silencio las despedidas
de dos amigos de otros días
cuando el atardecer no pide explicaciones ni llanto
sino un silencio amigo
y un corazón de aqué que escucha.
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