Ya la tierra se agotó
para sembrar la muerte
el verdor del paisaje se perdió
y parecen los niños lejos de la suerte.
Ya no caben más odios destructivos
ni elegantes cobardes silenciosos
que deambulan como ejecutivos
mientras la sangre en ríos caudalosos.
Ya no más disparos aplaudidos
de sutiles aparentes soldados insensatos
de hogares partidos a pedazos
y miradas de inocentes confundidos.
Ya no hay más tierra que abrace
la muerte de mujeres y niños
hambrientos de pan y en trance
en tanto el mundo camina silencioso.
Ya no más el hambre inconsciente
ni la rabia feroz aplastante
que surja ahora la luz del pensante
y la sensatez del otro, que soy yo.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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