Con sus ojitos certeros
y con tierna sonrisa
lleva el viento el aguacero
de bellas sorpresas.
Con el color amarillo
con sus trenzas de niña
y ternura compacta como un ladrillo
y la dulzura de una piña.
Espera al acecho una carta
de recuerdos en memoria
de la dulzura tanta
de un ángel con historia.
Con intrepidez del color
verdea el campo la hoja
que dibuja con tierno amor
el preciso instante y a la hora.
Qué bello es extrañar
el corazón compartido
de bellos momentos
donde nunca se ha herido.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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