No apagan el grito del pueblo
ni las risas de tu juventud
no conquistan el mal con el duelo
no brilla la maldad con el ataúd.
Se elevan tus acordes de libertad
anunciando a los jóvenes valientes
que aquél que no tiene piedad
se espanta con corazones fuertes.
No se calla jamás la esperanza
renace de nuevo la voz del niño
que no la destruye la venganza
ni se arrodilla al bien con martillo.
Volverán los discursos sabios
que claman la justicia al pordiosero
para elevar su dignidad en sus labios
y que orgulloso use su sombrero.
Que no se apague tu voz
que el pueblo se una con fortaleza
y que el campesino clave su hoz
esperando el fruto de la naturaleza.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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