Me sorprendió el corazón
nunca nadie me previno
las bromas dulces de la emoción
que no las disimula junto al vino.
Por qué no existen manuales
que nos pongan al tanto del amor
de historias y sueños maritales
o que en la angustia suenen el tambor.
Cuando impulsados por vendavales
el amor no cesa de arrastrar
y no lo detienen ni cañaduzales
y nos conduce directo a la mar.
No me avisaron de su fortaleza
ni me tocaron a tiempo el tambor
ahora amando no tengo destreza
sino rompimientos del amor.
Quién previene de pesares
o de ilusiones vanas
para comprender atardeceres
que no verán ningún mañana.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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