Hablaron tus ojos como siempre
reclamando la dulzura de costumbre
y se ancló tu mirada en el timbre
de mi alma caminante y en derrumbe.
No te ata la ciudad luz ni la muerte
y eres siempre viva en la distancia
donde nadie entra por la puerta
ni saben amar en la constancia.
Tus ojos dijeron las palabras
precisas y atirantes de dulzura
exigiendo siempre entre amarguras
la dulce paz que el amor apura.
Ellos dijeron siempre con locura
lo amado y anhelado de costumbre
cuando nada es válido y sólo aventura
y al final el amor es herrumbre.
Sueño tus ojos entre momentos
cuando vuelo en los recuerdos
y siento mi alma sin tormentos
mientras amo tus ojos en silencio.
Jesús Hernando Camacho Mosquera. (10:45 p.m.)
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