Entre dos árboles puntiagudos
el amor de una primavera
encontré bañando el alma del zancudo
mientras mi rostro se anclaba en la bañera.
Entre las flores de un abril
una rosa delicada acaricié
aunque ya no tenga perfil
son sus pétalos que tanto amé.
Entre los ires y venires de un pasado
la brisa tierna en una esquina
dejó con luces mi corazón atado
ahora que la memoria dulce se persigna.
Entre la delgadez fina de un árbol
que se empecina tiernamente en repetirse
ahora que la distancia trae el sol
de un sentimiento que no quiere detenerse.
El once primaveral, es un misterio maravilloso.
ResponderEliminar