Cuántos disturbios en mi mente
mientras sueño escuchar tu voz
cuántas emociones de repente
ahora que el amor es sólo Dios.
Disimulo entre las páginas
una angustia mezclada al deseo
ahora que no tengo lágrimas
y mi alma parece de paseo.
En la belleza de la noche
entre las gotas de lluvia hermosa
el tiempo no es derroche
en tanto suena tu voz en la mesa.
Cómo no abrazarte en la distancia
cuando anhelo sigilosamente
un abrazo cálido y transparente
en el eco de mi amor ansioso.
Qué bello es el deseo ahora
cuando no te tengo en los brazos
ni me suena en el corazón la tambora
ni se rompe el alma en pedazos.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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