A tu piel y tu sonrisa
que envuelves por doquier
a mi alma y a mi prisa
que resuelve con correr.
A tu dulzura tan valiente
entre amores y placeres
con los ojos convergentes
a la vida, dichas y pesares.
A las almas transeúntes
de vaivenes y canciones
de estrelladas sensaciones
y caminos de ilusión.
A los irse y venirse
de tu mesa cálida y fructuosa
de los miles de invitados
de manías diferentes.
A los corazones apasionados
de muchas emociones
que conquistan aventuras
donde abundan estaciones.
Jesús Hernando Camacho Mosquera
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