Entre el silencio de la tarde
y el dolor de verte partir
llamo un ángel que retarde
mi tiempo de morir.
Cuando el amor es grande
los juegos del amor
no son más que lindos ropajes
y rosas del temor.
Abrazo la última oportunidad
para correr al encuentro
porque el amor es eternidad
y no continuo tormento.
Ahora te amo a espaldas
con la ternura y la delicadeza
que el orgullo labró la raya
y se abrazó a la bajeza.
Ahora a tus espaldas
te amo desde la distancia
y me duele sin duda
que te amé sin perspicacia.
Jesús Hernando Camacho Mosquera (4:13 p.m.)
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