Hemos tomado el mismo tren
corriendo en direcciones opuestas
donde el corazón vibraba en armonía
cantando diversas melodías.
Asistimos al mismo aeropuerto
cambiando con prisa los vuelos
y nunca coincidieron los encuentros
ni tuvimos los mismos consuelos.
Nos sentamos en los mismos parques
mirando en diversas direcciones
deseando sin saberlo otros mares
pero escuchando otras bellas canciones.
Brindamos con el mismo vino
en copas tan distintas
ni Roma ni París con sus aristas
nos unió finalmente en el mismo camino.
Deseando siempre idéntico rumbo
el temor y el ansia dividió el sendero
de amores cálidos e inquebrantables
pero de aquellos que quitan el sombrero.
Jesús Hernando Camacho Mosquera (10:30 p.m.)
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