Cuando iluminas con tu bella Torre Eiffel
el amor renace en tus calles
los amantes cruzan de prisa
porque en el amor es oro el tiempo
te acaricia con dulzura la brisa
y sientes el alma volar en el viento.
Tus paisajes y tus ventanas coquetean
al transeúnte perdido en el horizonte
y llaman a anclar su mirada
en el correr de paisajes vivientes
con una aterradora libertad ilimitada
y una exquisitez brillante.
Cuántos bellos pensamientos arrancas
en la prisa y en el paso agitado
con variedad de infinitos colores
que buscan curiosos amores
o rupturas de soledades marginadas.
Ahora comprendo por qué el pensamiento
ancló en tus paredes la mirada
y filosofaste con balbuceantes pensadores
amantes de citas nocturnas
o escurridizos en la multitud
contemplando la soledad
o soñando con ansiedad.
Eres la París del amor soñado.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
Una hermosa ciudad, que bajo ninguna circunstancia disimula, que se hizo para el amor.
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