Con tu acento argentino y tu blancura
consolabas tu pequeña reina del llanto
aunque devorara manzanas con ternura
sus gritos no me ahuyentaban tanto.
Mientras la soledad de Niza
me consumía a borbotones
y me agitaba la razón a prisa
cuando mis ojos contemplaban los rincones.
Cuánto diera por abrazar tu figura
que ahora en el recuerdo del viento
fueron fugaces mitos de amargura
y ahora con el tiempo un lamento.
Cómo el francés no fue barrera
sino nuestra lengua materna encuentro
de situaciones diversas sin espera
con circunstancias pedidas con descuento.
Ahora eres lejano recuerdo
de una tarde lluviosa y fría
en la ciudad francesa de aquél momento
pero ahora mi mente no te olvida.
Jesús Hernando Camacho Mosquera (11:04 p.m.)
La figura de una linda y maternal mujer, queda impresa para siempre.
ResponderEliminar