Mis dedos huelen a ti
en la memoria de las noches frías
en la oscuridad del aroma de tu jardín
cuando el corazón rompe sus manías.
Tus ojos rompen silencios
del alma misteriosamente enamorada
tus brazos elevan el incienso
de una hermosa noche callada.
La ciudad se descubre ruidosa
ahora que la vida rueda y rueda
la luna invitada sigilosa
prepara el camino aunque yo no pueda.
Unos labios rojos protegen el manjar
de dulces instantes vividos
cuando el corazón quiere saltar
y la memoria hace el recorrido.
Mi pecho huele a ti.
El amor huele al perfume de los encantos de la vida, en ella se abrigan flores de todo tipo de deliciosos aromas.
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