Iré a la playa y en la arena
me recostaré a ver la nave
ahogando dulcemente ésta pena
que en mi corazón no cabe.
Veré partir en el atardecer
las gaviotas del recuerdo
comenzando dulcemente a padecer
el pasado que borrar no puedo.
Dormiré sin ansias al despertar
cuando el azul empape mi suelo
y aunque no sea fácil amar
seguiré atado a éste cielo.
Qué libertad más bella
el romper las ataduras
del corazón que me estrella
y parece no tener cura.
Esperaré el sol poniente
y que mi alma aprenda la esperanza
que no todo lo que reviente
se hará una agria manzana.
Subiré al bello firmamento
a descubrir bellos paisajes
pues la vida no es un lamento
sino una linda ruta de viaje.
Estar frente al mar para llorar las penas es un bello escenario, que da paz al corazón.
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